El propósito de todas la prácticas espirituales consiste en conocer nuestro propio yo. La Biblia dice: Ama a tu projimo como a ti mismo. Pero si uno no conoce su propio yo, como puede amar el yo del prjimo? Conoce primero tu propio yo y luego ve tu yo en el prójimo. Sólo así podrás amarlo como a ti mismo.
Que ocurriría si te pidiera que amaras a todas la frutas como amas a las manzanas, es decir, que vieras la manzana en todas las otras frutas? Si no sabes lo que es una manzana no podrías ver a las otras frutas como manzanas. De la misma manera, para amar a todos conforme al espíritu, debe uno reconocer su verdad espiritual; debemos reconocer a Dios en nosotros. Alguna vez te has visto a ti mismo, tan siquiera en tu aspecto físico? Has visto alguna vez tu rostro? Solamente en un espejo. Supongamos que el espejo se quebrara, podrías seguir viendo tu rostro? No, pero acaso por ello perdiste tu rostro? No. Lo que ves en el espejo es solo la imagen, no el original, porque es el rostro lo que se ve. El rostro del sujeto. El sujeto nunca puede convertirse en objeto. El sujeto solo ve una imagen de sí mismo. Si el espejo está distorsionado o deforme, la imagen que refleje también lo estará. Si buscas tu naturaleza verdadera en el espejo, este reflejará un rostro distorsionado.
Cuál es el espejo en nuestro caso? Nuestra mente. Para ver nuestro verdadero Yo, hemos de tener una mente limpia, clara y en calma. Algunas personas conservan limpio el espejo y comprenden que son hermosas. Otras no lo asean bien. Otras lo quiebran; alguna se miran en espejos deformes. Cuando decimos "alma" por lo general nos referimos al reflejo del yo sobre la materia de la mente. Cuando la mente está n calma, serena, comprende que el Alma y Dios son uno solo, sin distorsiones, sin ningún color.Por supuesto el cuerpo también deberáa lograr serenidad. Un cuerpo muy saludable y relajado con la mente en calma, quieta, permitirá que la luz verdadera o la naturaleza verdadera del yo interno se exprese sin ninguna deformación.
Pero primordialmente uno debe preocuparse por la mente, ya que el cuerpo es solo un instrumento de ésta. El cuerpo se expresa de acuerdo con los deseos de las impresiones de la mente. Por lo general nos identificamos como mente y cuerpo. Por ello nos ponemos nombres diferentes y, al parecer, nos distinguimos unos de otros. Deseamos a definirnos a nosotros mismos: "soy sudamericano", "soy blanco", "soy negro", "soy rico", "soy pobre". Estas son nuestras definiciones pero, en espíritu, somos iguales. Las variaciones y definiciones acontecen solo cuando nos identificamos con el cuerpo y la mente. Por naturaleza somos tranquilos, pacíficos. Sin embargo, a causa de nuestra negligencia o de esforzarnos por satisfacer los deseos egoístas o los sentidos, perturbamos esa tranquilidad y paz. Eramos buenos originalmente pero perdimos esa perfección al definirnos. Desafortunadamente, en el momento en que nos definimos --- o limitamos el yo --- dejamos de ser buenos. Todas las escrituras, todos lo sabios, santos y profetas nos dicen que dejemos de definirnos. Este es el procedimiento para elevarnos. Si dices "soy hombre" o "soy mujer", te identificas con el cuerpo. Si dices "soy abogado" o "soy inteligente" te identificas con la mente. Acaso estoy diciendo que las persona purificadas no tiene definiciones? Supongamos que perdiéramos todas las definiciones y todos fuéramos iguales; entonces no podríamos reconocer a nuestros amigos. Todos seríamos iguales, hablaríamos y comeríamos de la misma manera. No habría padres, madres, hijos ni hijas. Ese no es el significado del verdadero perfeccionamiento. Si así fuera, la vida perdería todo sabor. La variedad es el condimento de la vida. Lo necesitamos para disfrutar de ella. Pero si la variedad misma nos va a perturbar, no la queremos. Podemos deshacernos de ella? No. Es imposible. Entonces qué hacer Tenemos que conservar la variedad y elevarnos por encima de ella, para ver la Unidad. Unidad en la diversidad Recuerda este punto. Necesitamos la variedad, pero podemos disfrutar de ella sólo si recordamos siempre la unidad que la sustenta.
Swami Satchidananda